
Andrés Uriel Gallego, Ministro de Transporte,y Fernando Sanclemente, Director de la Aeronáutica Civil, presentaron en una audiencia este asunto ante Alejandro Ordóñez, Procurador General de la Nación.
La necesidad de comenzar las obras obedece a que existe una proyección de aumento de pasajeros del 3% para vuelos nacionales y 5% para internacionales, meta que debe cumplirse para el 2015. José Javier Pérez, Presidente de Satena, aseveró que está de acuerdo con la demolición, puesto que Bogotá y Colombia necesitan un aeropuerto con características internacionales que beneficiará a los usuarios. Pérez recalcó que lo importante es que este trabajo se haga con rapidez y eficiencia.
De igual forma, Opaín – entidad que realiza trabajos en El Dorado -, comenzaría a adelantar los diseños correspondientes a la construcción. Luis Fernando Jaramillo, Presidente del Grupo Odinsa (socia del concesionario Opaín), señaló que este trabajo no permite errores o improvisaciones. El debate se ha enfocado en la demolición, puesto que al comienzo no se definió que se iba a llevar a cabo esta labor. Sin embargo, tras los estudios se evidenció que era fundamental para poder tener un terminal aéreo eficiente.
Según Jaramillo, uno de los motivos por los que se insiste en la demolición es la optimización del servicio. El diseño original sugiere la remodelación del actual muelle nacional y la construcción de un muelle internacional, de forma que ambos terminales quedarían separados. Así las cosas, los usuarios se verían obligados a recorrer largos trayectos para ir de un muelle al otro, informó el funcionario.